La formación de una cultura es un proceso complicado y dilatado, para cuyo estudio hay ámbitos donde la Arqueología no es suficiente. Pedro R. Moya-Maleno, profesor de la Universidad Complutense dio una conferencia el pasado fin de semana, dentro del ciclo de Veranos Carpetanos, en la que apuntaba a la necesidad de utilizar elementos de apoyo como la etnohistoria, la etnoarqueología y el folklore para acceder a usos y modos de vida que dan información acerca de los desarrollos y evoluciones de las diferentes culturas, así como de su interrelación.
La variada distribución de poblaciones de la Hispania céltica no se limita a las grandes áreas ibérica y carpetana, sino que comprende más subdivisiones que no necesariamente estaban aisladas unas de otras; por el contrario, existía un intercambio por el que se retroalimentaban entre sí. La Celtiveria se desgaja a lo largo de la Edad del Hierro generando movimientos cuyos elementos culturales se van mezclando, que mantienen elementos identitarios propios al tiempo que incorporan otros importados.
Para estudiar una cultura, explicaba Moya-Maleno, hay que atender a aspectos como su sistema económico y el subsistema de cultura material conformado por los aspectos religiosos, estructura social y cuestiones psicosociales. Las investigaciones se establecen dentro de una estrategia transdisciplinar basada en la Arqueología, historia de las religiones, lingüística, folklore y etnohistoria. Como quiera que hay ámbitos a los que la Arqueología no llega, hay que explorar la vía etnoarqueológica para observar los rituales cristianos, romanos, el pasado remoto e incorporaciones ex-novo.
La evolución de las culturas, según explica el profesor Pedro R., se va formando como una cuerda trenzada que con un cambio lento y continuo va incorporando elementos que se absorben formando una nueva identidad que, sin embargo no pierde sus características identitarias. Observando el ritmo de cambio, se debe contextualizar la antropología para determinar el territorio, las comunicaciones, los calendarios económicos, el equipamiento y la organización del territorio.
Cuestión importante fue la explicación de como se ha acomodado el ciclo de vida a las tradiciones. Un ciclo que en casi todas las culturas, con variaciones de unos cuarenta días, se produce de manera semestral, marcando los hitos en los solsticios y los equinoccios, y estableciendo festividades intermedias que señalan periodos determinados, festividades como san Antón, la Candelaria o los mayos son muestras de este ritmo cíclico, algo que ha quedado fosilizado en nuestro calendario. Este paso de la luz a la oscuridad, y viceversa, afecta anímicamente a las personas.
Las conclusiones que Moya-Maleno apuntó son que las sociedades más antiguas eran más complejas y menos dinámicas, que todos los subsistemas están interconectados, que la península ibérica e4s un buen campo de trabajo y que posiblemente estemos en los estertores de un mundo que se va. Por ello es importante romper el tabú de investigar lo propio y despertar del mundo digital.